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Uno más en la familia

Escrito por Rosa.

Escribo este post inspirada por la alegre noticia que me comunican unos amigos: tienen cuatro hijos y han decidido… ampliar la familia! “Están locos”, pensaréis muchos, pero no; sólo lo justo y necesario que está el que decide incorporar a la unidad familiar un nuevo fichaje con cuatro patas y mucho pelo, que se convertirá sin duda en el niño mimado de la casa.

Y esto me hace acordarme de la ilusión con la que recibí a mi hijo mayor, al peludo, hace ya quince años. Por aquel entonces no tenía niños (de los de verdad, digo….) y siempre dije que Homer era como mi hijo. Ahora que tengo dos (de los de piernas, para que me entendáis) y aunque Homer ya nos dejó,  puedo asegurar que es insustituible en mi casa.
Me hace gracia cuando oigo eso de que a los perros se les quiere como a un hijo. Nada es igual al amor por un hijo, y en mi casa, el perro era uno más de la familia, donde cada uno tiene su lugar: los niños ocupan el lugar de los niños y el perro…. el del perro, no el del hijo! Ni más, ni menos. Personalmente, no estoy de acuerdo con quienes visten a sus animales con ropa de persona, incluso de marca. Me parece snob e insultante en estos tiempos que corren de tanta necesidad y además creo que es indigno para el animal ponerle un chándal o una cazadora de aviador. Bueno, eso, y que si se me llega a ocurrir ponerle modelitos a mi bicho, tendría que haberme pluriempleado (más aún…) para financiarle el traje, que con el tamaño que tenía el animalico…
En fin, pensamientos caninos aparte, sirva este post para enarbolar mi bandera en favor de los perros en casa. Defiendo firmemente los beneficios de integrar un animal en la familia, siempre y cuando esto se haga con las condiciones de higiene y cuidados necesarias, que además, teniendo niños pequeños, deben extremarse.

La relación de nuestros hijos con los perros hace a los niños más sociables y más responsables con el entorno que les rodea, aunque al final siempre sea mamá la que acabe limpiando y paseando al perro…

Por experiencia propia, puedo decir que esta relación es altamente beneficiosa para ambas partes. Aún me emociono recordando el encantador instinto protector de mi perro, durmiendo a los pies de las camas de mis hijos cuando había tormenta (o quizás fuese miedo del animal…) o no perdiendo ojo de ellos cuando íbamos juntos a pasear al parque.

Mis dos hijos adoraban a su perro, que fue como su hermano mayor, pero especialmente el pequeño, que desde bebé usó a Homer como su cojín viviente. El perro pasaba la mayor parte del día durmiendo y la mayor distracción de Nicolás, siempre era tumbarse encima de él y usarlo de almohada. Quizás por eso, también el perro lo prefería, se acercaba a él buscando su caricia y lo comprometía para que le hiciese mimos. Verlos jugar era tan bonito… Eran como la bella y la bestia. El pequeñín con el grandullón cuidándose mutuamente.

Pero ojo, ahora que se acercan el final de curso y que muchos quizás se están planteando ir a por el deseado perrito como regalo por las buenas notas, o aprovechando que en verano pasamos más tiempo al aire libre, no olvidéis que un perro no es un juguete y que también hay que pasearlo en invierno, cuando hace frío o llueve y no apetece nada darse un paseo. Para empezar, las pilas no se le agotan nunca, ni tiene interruptor para apagarlo. La fuente inagotable de energía que es un cachorro puede ser más desesperante que la de un niño (incluso!!) y requiere de altísimas dosis de paciencia.
Recordad también que la raza es fundamental. No es lo mismo tener un Labrador que un Doberman. No debemos olvidar que la paciencia animal va a ser llevada en muchas ocasiones a situaciones límite y por eso es importante no introducir en casa perros de razas potencialmente agresivas. También hay que enseñar a nuestros hijos que el perro no es un juguete, ni un caballito, ni un balón al que se le pueden dar patadas. Su paciencia también tiene un límite y no deberíamos ponerlo a prueba. La del mío ya ha sido llevada in extremis en varias ocasiones. Una vez se saldó con un mordisco: de mi hijo mayor en la oreja del perro…. Y otra vez, el pobre Homer sufrió la dolorosa amputación de uno de los pelos de su bigote. El pobre se limitó a cerrar los ojos, a relamerse y a poner patas en polvorosa. Quizás aquí sea el momento de decir aquello de “atención niños, no intentéis hacer esto en vuestras casas”. Son perrerías que gracias a la santa paciencia de mi can terminaron sin el menor incidente (y con gran regocijo de mi hijo), pero es mejor no tentar a la suerte.
Que el perro no rechista, pero tampoco olvida. El mío se vengaba con los juguetes de los niños. A todos los puzzles de mi casa les faltaba una o varias piezas que habían sido engullidas por Homer, y tengo una colección de muñequitos de plástico que al que no le falta un brazo, le falta una pierna, o medio cuerpo… Pero bueno, al final mis hijos se acostumbraron y yo creo que hasta le encuentran cierto encanto a que sus figuras de los enanitos de Blancanieves tuvieran ese punto “gore”.

Otra consideración fundamental a tener en cuenta antes de aumentar la familia: el tamaño sí que importa. Aquí más que nunca. Lo digo por experiencia. Homer era un Golden Retriever que pesaba 36 kilos, casi tanto como mis dos hijos juntos. Mientras fueron pequeños, tuve que extremar las precauciones a la hora de los juegos perrunos, ya que cualquier movimiento brusco del animal daba al traste con lospeques. Pero incluso cuando se hicieron mayores no les dejé nunca, por ejemplo, que fueran ellos quienes llevasen la correa a la hora del paseo.

Al final, como en todo en la vida, hay que buscar el equilibrio, y no ser tajante, porque lo que vale para una familia que vive en un piso con un perro pequeño quizás no sea lo mismo que quien vive en una finca con jardín. La edad de los niños, la disponibilidad de horas de cuidado del animal, y muchos otros aspectos son factores a tener en cuenta, sobre todo para no desesperarnos en los primeros días de convivencia con el cachorro en casa. Recordad que nadie nace aprendido, y por eso, además de tiempo y paciencia, quizás sea imprescindible la información previa a la llegada del “nuevo hermanito”, y por supuesto, una vez que el nuevo miembro de la familia ha tomado posesión de sus dominios y vuestros corazones, os haréis seguidoresde webs y blogs de referencia sobre el mundo canino. A mí me gusta particularmente Sr. Perro donde siempre encuentro artículos interesantes, servicios que no sabía que existían y cosas muy graciosas.

Y termino estas reflexiones perrunas con otra conversación entre mamás. Esta mañana, una amiga me comentaba que se estaba planteando tener perro, ya que su hijo mayor tiene pavor al contacto con los animales y piensa que quizás esto le ayude a superar ese miedo. Estoy de acuerdo con ella en que esto ayudaría mucho al niño, pero le he dicho lo mismo que a todos los que me dicen que están pensando en comprar un perro: “habla la Defensora Number One de los Perros en Casa: no tengas perro”. Si nunca has tenido un perro en casa, piensa en cómo va a condicionar tu vida y la de tu familia. Porque sin duda va a hacerlo. Todos los días te robará entre una o dos horas para tener que pasearlo, haga sol, llueva o nieve. Tendrás que recoger sus cacas en la calle, manchará tu casa, llenará tu ropa de pelos, incidirá en tu economía (no olvides que los perros comen, se ponen enfermos y necesitan vacunas…), limitará tus viajes e incluso tus salidas fuera de casa (no te vayas a cenar o al cine sin haber sacado al perro). Además, una vez que entre en tu vida, como con el resto de tu familia, querrás lo mejor para él, y le buscarás los mejores piensos, los mejores cuidados médicos, el collar más molón para que esté bien guapo….
Aún así, a pesar de todo esto, para mí mereció la pena por todo el cariño que recibí, pero hay que reconocer que el sacrificio es grande y hay que pararse a pensar si estamos dispuestos a hacerlo.
Y conste que habla, repito, Defensora Number One de los Perros en Casa: perros sí, rotundamente SI, pero pensadlo antes, por favor, que luego es muy triste ver cómo las perreras se llenan en el mes de febrero de “regalos de Reyes”.

Desde luego, lo que es seguro, es que con un perro y niños en casa no os vais a aburrir nunca. Y si no, mirad qué bien se lo pasa el peque del video.


Rosa Balaguer. Periodista, madre con patas que corre delante y detrás de sus churumbeles. Apasionada de sus hijos, de las cosas bonitas y de la vida en general. Apunta en un cuaderno las “perlas” de sus pequeños filósofos, convencida que algún día será su bestseller. Media naranja de conpequesenzgz

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  1. Monica
    Monica

    13 Diciembre

    Homer es un perro genial!
    Otro día prometo post sobre gatos y niños, y cuento mi experiencia con mi gata y mi mini

  2. Marta

    14 Diciembre

    Hola Rosa!!
    Yo tenía un perro boxer que era un encanto con mi hija mayor, la vigilaba, la cuidaba y la mimaba. Le gustaba ir de paseo con ella, y demás. Me lo envenenaron cuando la mayor tenía casi 2 años.
    Al mismo tiempo tenemos una perrita adoptada, pero que tiene poco contacto con las niñas, porque es un poco salvaje. Le gusta coger las galletas de la mayor de la mano, y aunque no muerde fuerte, la asustó, -y añadimos que un perro pequeño mucho más salvaje mordió a mi hija en el ojo…- y no se acerca mucho a ella. Pero si la saludan.
    A mi no me importaría tener otro perro. Grande, que sino no es perro. Pero voy a esperar un poco, que no tengo tiempo para otra mascota.

    • Rosa
      Rosa

      17 Diciembre

      Sí Marta, la verdad es que hay que acercarse a los perros con precacución. Mis hijos están acostumbrados a que el suyo es un zalamero y que se deja hacer de todo, así que luego se acercan a los demás con demasiada tranquilidad. Yo les recuerdo siempre que antes de tocar, hay que preguntarle al dueño que si se puede acariciar. Y por supuesto, dejarse oler un poco primero para no asustar al animal.
      Y lo de tiempo es muy importante, sí. Yo la verdad es que tampoco ando sobrada, pero…! 😉

  3. […] nos habló ya en un post de perros y niños, y ahora me toca a mí hablaros de gatos y niños, y embarazadas. Como compañera de piso de una […]

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