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La ardua tarea de aprender a comer de todo

La ardua tarea de aprender a comer de todo

Escrito por Rosa.

Quedan horas para que termine el curso escolar y podemos proceder ya a desempapelar la puerta de la nevera, que con tanto recordatorio, horario, circulares, etc, parece más una obra de Miquel Barceló que un frigorífico.

Entre tanto collage, figuran las chuletas que me ayudan en la “ardua” tarea de preparar almuerzos. Y digo ardua, no porque sorprenda a mis hijos a la hora del recreo con viandas dignas de Master Chef, sino porque, con aquello de que hay que seguir un menú previamente establecido por los profesores, al final, lo que es una cosa sencilla, sumada a 35 otras cosas sencillas que recordar todos los días (los miércoles hay que ir sin chándal, los jueves con bata para plástica, martes natación, los deberes se llevan los jueves, los libros se recogen los viernes, la oficina de deporte escolar sólo abre los miércoles….socorro!!), se convierte en un mare magnum de notitas varias. Creo que ya sabéis de qué hablo….

Los míos en particular, para los almuerzos funcionan tal que así: el pequeño, el martes tiene que llevar bocata, el miércoles fruta y el jueves lácteos; por suerte los lunes y viernes nos los dejan a nuestro libre albedrío, aunque muchos viernes (no todos, no vaya a ser que pongamos las cosas fáciles…) el mayor no tiene que llevar almuerzo porque es el propio centro escolar el que les facilita la fruta para almorzar, gracias una campaña del Gobierno de Aragón puesta en marcha para apoyar el consumo de fruta entre escolares. ¡Qué lío es comer de todo!  Pero vamos, nada fuera de lo normal, sobre todo si tenemos en cuenta que con unos hijos tan dados a la performance como los míos, cualquier día podemos sentarnos a la mesa con el mismo Michael Jackson comiéndose una trucha sin cantearse un pelo.

Dicho todo esto, y pese a mi tono lastimero (soy madre de natural cansino, qué le vamos a hacer…), aprovecho estas líneas para aplaudir el esfuerzo de los docentes por intentar enseñar a nuestros hijos la importancia de hacer una comida sana y variada.

En esta misma línea, hoy  un grupo de estudiantes de Zaragoza participa en los pezquetalleres que el Parque de Aventura Sendaviva (Arguedas, Navarra) ha organizado junto con  Asociación Nacional de Armadores de Buques Congeladores de Pesquerías Varias (ANAVAR) para fomentar el consumo de pescado entre los escolares, contando cosas a los chicos sobre el origen, las propiedades nutricionales y los distintos modos de conservación y preparación de los pescados.

Son tres pequeños granos de arena que colaboran en la educación desde la base de la alimentación de nuestros hijos. Algo que, por básico y cotidiano, muchas veces nos parece poco importante, pero que es fundamental: enseñarles a comer de todo.

Se me ocurren frases como aquello de “somos lo que comemos”, o “mens sana in corpore sano”. Quizá suene un poco extremo o pedante cuando hablamos de alimentación infantil, pero no debemos olvidar la importancia que esto tiene en la salud de nuestros hijos. En los últimos días he visto un par de festivales de final de curso de baile y me pareció espeluznante ver la cantidad que hay de niños -y sobre todo de adolescentes- obesos. Y por favor, que nadie se me ofenda, porque no hablo de estética. Nada que ver con los niños “gorditos”, hablo de obesidad, de niños condenados anticipadamente a tener una salud débil a causa de la mala alimentación a la que les someten sus padres.

Pero no penséis que soy una radical de las comidas sanas, que cuenta calorías y vive esclava de la lechuga. ¡Qué rico está un donut de vez en cuando o qué a gusto devoramos todos una bolsa de patatas fritas! (me incluyo en todo esto)…. Pero de ahí a que eso sea el almuerzo o la merienda de un niño a diario… dista mucho de lo que debería ser “enseñar a comer de todo”.  Desde luego, no cabe duda de que ahora llevamos un ritmo de vida más atropellado, con tardes plagadas de extraescolares que muchas veces nos hacen caer a los padres en la tentación de entrar a por un bollo en una tienda de frutos secos en vez de perder tres minutos para preparar un buen bocata de chorizo. Pero deberíamos reflexionar seriamente dónde nos lleva todo esto.

Este martes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pedía controles más estrictos sobre el marketing dirigido a los niños de alimentos con alto contenido en grasas saturadas y trans, azúcares libres y sal con el fin de luchar contra la obesidad infantil.

Y es que según estudios de la OMS, existe una fuerte relación entre ver televisión y la obesidad en los niños. “Los datos recientes sugieren que los niños se convierten en obesos no sólo porque ven la televisión, en vez de ser activos, sino también porque están expuestos a la publicidad y otras tácticas de marketing”, apunta la OMS, que asegura también que los principales de alimentos publicitados son los refrescos, cereales azucarados, galletas, confitería, y platos preparados.

Otro interesante punto de este informe de la OMS es aquel que indica que el reconocimiento de las marcas comienza en la primera infancia: “los niños que reconocen múltiples marcas desde la edad de 4 años son más propensos a no comer sano y tener sobrepeso. La investigación ha demostrado que los niños con sobrepeso, en particular, responden a la presencia de envasado de alimentos de marca mediante el aumento de su consumo”.

Dicho todo esto, y sin querer pontificar  (que insisto, ¡qué buenos están los bollos de tarde en tarde!),  animo a todos los padres a que “perdamos” un poco más de tiempo, no perdón, a que “invertamos” un poco más de tiempo en ayudar a nuestros hijos a comer de todo. Porque todo lo que sea en detrimento de su salud es un una inversión de futuro, un seguro de vida.

No quiere decir esto que tengamos que hacer un cursillo acelerado de meriendas con Arguiñano. Seguro que todos recordáis la sencillez de un buen trozo de pan con chocolate de nuestros tiempos, que nada tiene que envidiar a los pastelitos envasados, ni a los bricks de zumos, y que sin embargo, nos hacen salir de la espiral “comodona” en la que muchas veces caemos sin darnos cuenta del enorme perjuicio que el abuso de esta alimentación rápida causa en los niños.

En la alimentación, como en casi todo, en la variedad está el gusto. Pero como madre, tengo claro que en la guerra Pastelito versus Bocata, me apunto a lo segundo.


Rosa Balaguer. Periodista, madre con patas que corre delante y detrás de sus churumbeles. Apasionada de sus hijos, de las cosas bonitas y de la vida en general. Apunta en un cuaderno las “perlas” de sus pequeños filósofos, convencida que algún día será su bestseller. Media naranja de conpequesenzgz

  1. Marta

    20 Junio

    En casa siempre ha sido de fruta y/o bocata. Mis hijas meriendan un yogur y una fruta, o un mini bocata de jamón y queso, y no veas lo que les gusta. Eso sí, ponles un plato con patatas fritas, y se lo comen en un pis-pas-

    • Rosa
      Rosa

      21 Junio

      Los míos no me han salido muy devoradores en general (me tocó la lotería del buen dormir, pero no hubo suerte en la del buen comer; todo no puede ser….), así que por ellos fuera, yogures y zumos todo el rato, pero después de mucho pelear con la fruta he conseguido que alguna tarde….hasta me la pidan ellos, oh! milagro!
      Eso sí, lácteos, para parar un tren. Estoy planteándome cambiar al perro por una vaca y ponerla en la terraza. Creo que me saldría más a cuenta…

  2. Silvia

    8 Septiembre

    Sabeis cuál es uno de los causantes mas influyentes de la obesidad? El azúcar. El azucar refinado, se entiende.
    Si, es una materia prima barata, que produce adicción y que se encuentra en multitud de productos…. Mirad las etiquetas y lo comprobareis. En la naturaleza el azucar lo encontramos como fructosa en la fruta, lactosa en la leche y poco mas…y nuestro organismo no está preparado para las cantidades de azucar que le metemos a diario sin darnos casi ni cuenta. Leed las etiquetas, solo por curiosidad…
    Y bueno, si a eso le sumas la inactividada….

    • Rosa
      Rosa

      9 Septiembre

      Tienes razón Silvia. Nos preocupa mucho darles bocata en vez de bollo, pero sin darnos cuenta – probablemente por comodidad o por no discutir con los niños- tendemos a darles muchos zumos de brick, batidos, yogures liquidos…. Y eso es azúcar en grandes cantidades, que además, se queda mucho más facilmente adherido en los dientes que el de otras comidas y acaba estropeándoles la boca. Mis hijos no pecan precisamente de obesidad, son más bien tirillas (también influye que no paran quietos ni un segundo), pero con el mayor ya llevamos unas cuantas visitas al dentista… 🙁

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