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Arrastrada por la marea rosa

Escrito por Rosa.

Dicen que no hay lugar más emocionante para un corredor que la meta de un maratón. Pero creo que quien dice eso es porque no ha estado en la Carrera de la Mujer.

Tiene una línea de llegada especial, donde el crono sólo es una referencia para buscarse en las fotos, donde los abrazos destilan solidaridad, la celebración del triunfo en una lucha sin cuartel contra el Cáncer de Mama.

Este domingo pude comprobarlo en la Carrera de la Mujer de Zaragoza. Acudí a la cita invitada por DKV, uno de los principales patrocinadores del evento. No tenía pensado asistir porque en el último mes, por una cosa o por otra, los cuatro últimos  fines de semana me he calzado las zapatillas y me he echado a correr. Bastantes carreras tenemos ya en nuestros quehaceres de madres y este domingo quería descansar; pero precisamente por eso, porque el día a día de muchas mujeres es una lucha contra el reloj de la enfermedad, me animé a ponerme de su lado en esta fiesta pensada para apoyarles. Así que ahí que me dejé arrastrar por la marea rosa…

 

Marea rosa. Más de tres minutos nos costó traspasar el arco desde que sonó el disparo de la salida

Marea rosa. Más de tres minutos nos costó traspasar el arco desde que sonó el disparo de la salida

Y me alegro enormemente de haber estado allí, porque fue especial y emocionante. De principio a fin. Emocionante ver a madres, hijas e incluso abuelas participando cada una a su manera en esta fiesta para apoyar la lucha contra el Cáncer de Mama. Me conmovió especialmente encontrarme con unos amigos cuya hija mayor acaba de pasar por esta enfermedad. Felices porque la ha superado con éxito y entereza y porque a sus 30 años, su único pensamiento ahora es convertirse en madre a corto plazo. Radiantes en una mañana de domingo que parecía hecha a medida para acompañar a todas las campeonas que recorrieron los 5 kilómetros de la carrera.

Nunca he estado en apretón tan celebrado, de tan buen rollo, sintiéndome parte de una masa humana que arrancó con las manos en alto y discurrió sin empujones ni codazos por llegar a meta.

Especialmente bonito fue el paso por el túnel de Cesáreo Alierta, donde las que iban y las que volvían se aplaudían mutuamente. Ahí volví a encontrarme con esta familia. Yo volvía con mis amigas a un ritmo muy relajado cuando ellos todavía iban, andando, disfrutando de cada paso de esta mañana para enmarcar, parándose constantemente para que el padre pudiera hacer fotos a sus hijas formando parte de esa enorme marea de mujeres. Intenté imaginar la emoción de esos padres por poder acompañar a su hija en esta carrera y se me puso la carne de gallina.

 

Una mañana de domingo para enmarcar. Compartir este evento con las amigas fue una oportunidad única, que queda ya apuntada en mi agenda para los próximos años

Una mañana de domingo para enmarcar. Compartir este evento con las amigas fue una oportunidad única, que queda ya apuntada en mi agenda para los próximos años

Fue una fiesta con un lugar para todas. Hubo sitio para las deportistas que decidieron darlo todo en la carrera y para quienes anduvieron o marcharon a un ritmo relajado, disfrutando del solecito, de la compañía de las amigas y del privilegio de sentirte parte del espectáculo que constituía ver a 6.000 mujeres vestidas de fucsia corriendo con una sonrisa en la boca. Para mi la elección estuvo clara: carreras deportivas hay casi todos los fines de semana, pero no todos los días una tiene la oportunidad de caminar junto a una multitud pensada para hacer sentirse únicas a las mujeres que en ese momento más lo necesitan.

Me encantó además la entrega del público: un montón de hombres jaleando a sus féminas, cuando normalmente, lo que se ve en las carreras es al revés.  Vamos, que hasta me dio pena terminar! También al contrario de lo que me pasa siempre, que no veo el momento de llegar a meta, aquí me hubiera dado la vuelta y hubiera empezado de nuevo, porque fue disfrutar a cada paso, preparando una entrada triunfal, a lo Carros de Fuego (somos un poco teatreras, qué le vamos a hacer…). Yo siempre cruzo la línea con cara de agonía y el domingo la pasé de la mano de mis amigas, con una sonrisa radiante, divirtiéndome como nunca antes en una carrera. Nosotras lo pasamos muy bien. Nos reímos mucho. Todas, a nuestra marea nos dejamos arrastrar por esta marea rosa de sentimientos. Otras lloraron, se emocionaron. Sólo ellas saben lo que terminar este recorrido significaba. Cuántas carreras de cinco kilómetros han tenido que hacer en el día a día de su lucha contra la enfermedad. Cuántos sufrimientos han dejado por el camino. Por eso, el poder compartirlo de manera tan alegre les hizo sentirse especiales entre la masa.  Enhorabuena a todas las campeonas que hacen su propia maratón de la vida, porque sólo ellas saben lo que cuesta cruzar esa meta.


Rosa Balaguer. Periodista, madre con patas que corre delante y detrás de sus churumbeles. Apasionada de sus hijos, de las cosas bonitas y de la vida en general. Apunta en un cuaderno las “perlas” de sus pequeños filósofos, convencida que algún día será su bestseller. Media naranja de conpequesenzgz

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